escribir por escribir

ESCRIBIR POR ESCRIBIR

Marina -I-

El día era más gris de lo normal. Incluso Bernat parecía estar de acuerdo. Las minúsculas gotas que escupía aquel cielo gris, más gris de lo normal, quedaban pegadas en la ventana y permanecían inmóviles. Era como si el tiempo se hubiese detenido. Nada pasaba. Me quedaba embelesada mirando por la ventana. Una constante en mi vida, ahora que pienso. Desde pequeña me lo habían recriminado. ¡Te distraes con el vuelo de una mosca! Nunca me lo tomé a mal. Siempre pensé que soñar despierta era algo tan natural en mí que no podía estar mal. Perdía la noción del tiempo entre la pantalla del portátil y la pantalla del mundo exterior. Estaba entre dos pantallas. ¿Por qué pasa eso a veces? Hay días sospechosamente desnatados. Como si la Matrix estuviera en labores de mantenimiento y necesitara bajar la resolución de la realidad. Ahora me quedo embobada mirando mi reflejo en la vitrina del comedor. Realmente era guapa. Soy muy guapa, podría ser modelo. O actriz, como Sofía Vergara. No soy guapa, ¿qué digo? Soy del montón; soy una caribeña encerrada en este piso.

¿Qué hago en Europa? ¿Cómo he llegado a esta situación? ¿Cómo has llegado aquí, Marina? Nada tiene sentido. La belleza de Bernat es lo único que tiene sentido. Ojalá hubiese nacido gato. Como Bernat. Y sordo. Y blanco. Como Bernat. La belleza de los gatos debe ser también un regalo del Arquitecto de Matrix, para hacernos la vida más fácil. Más soportable. Bernat es como una obra de arte que no te cansas de mirar. Tan ajeno a todo. Qué suerte tiene Bernat. Y qué pena me da, al mismo tiempo, que sea tan dependiente de mí.

El teletrabajo me está matando. Me encanta el teletrabajo. Así no tengo que ir a la oficina, a la dichosa oficina de mierda, repleta de personas. Llena de seres humanos con los que no quiero interactuar, pero debo hacerlo. Y todos quieren interactuar conmigo porque soy como la piedra Rosetta. Sin mí nadie entiende nada. Nadie se entera de nada. Tooooodo debe pasar por mí. Apruébame esto, pásame lo otro, necesito este report, pásame todos los tickets y registros de las ventas de este proveedor. ¡Verga, tremendo trabajo! Vaya mierda de trabajo tengo. Master Data Management. Me paso la vida delante de un Excel. Estoy trabajando en algo que no tiene nada que ver conmigo. No se me ocurre nada más alejado del tipo de persona que soy que mi trabajo. Quizá ser asesina iría menos conmigo. Lo único que rescato de ese edificio, al que tengo que acudir un día a la semana, es a Lorena y a Miguel, los dos únicos seres humanos con los que me siento cómoda hablando. Al ser de otros departamentos, pocas veces coincidimos, salvo en el desayuno y poco más. Pero el teletrabajo me está matando, porque me aísla aún más de lo aislada que me siento en este planeta.

Yo tendría que estar en la playa. Cerca del mar. Ese es mi sitio. Cerca del mar. Poder pasear descalza mientras las olas saludan mis pies. Eso haría. Iría cada mañana a pasear. Todas las mañanas del año. Tendría que vivir, eso sí, justo delante del mar. Eso sería increíble. Vivir delante del mar. Pasear cada mañana sin prisa ninguna por la arena fría de las primeras horas del día. ¡Ver el atardecer! Eso sí sería increíble, poder contemplar el atardecer cada día de mi vida.

Pero no. Tengo que estar atrapada entre estas dos pantallas. Que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son, si no fuese por una avecilla que me cantaba al albor. Cómo me gusta ese poema. Cómo me gusta dramatizar también, la verdad. No estoy en un calabozo, pero así me siento. Estoy en un calabozo. Vivo en un calabozo sin barrotes. ¿Por qué nadie me viene a rescatar? Eso no va a suceder, lo sé. Lo sé de sobras.

Bueno, vamos a trabajar un poco, que llevo dos horas teletrabajando y aún no he hecho nada. Pero espera, antes vamos a poner algo de música para hacer esto más llevadero. A ver, YouTube, ¿qué me traes por aquí? What's Up, de 4 Non Blondes. ¡Dale!

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(737 palabras)