EL APAGÓN
Se va la luz. Me levanto y voy al cuadro de luces, abro la puerta del centro de negocios que regento y veo que es general. Automáticamente, viene la gente a preguntarme ¿por qué? No todos, solo algunos. Incluso hay alguna persona que me viene a exigir que le mantenga informada, si es que solo pasa aquí o qué pasa, como diciendo, tú eres el responsable, debes solucionar esto. Yo me quedo con cara de póker mirándola fijamente, en plan, sí, se ha ido la luz, puedes asimilarlo por favor. Se va, pero en plan, bueno me voy, pero deberías mantenerme informada. Es increíble lo que la socialdemocracia ha hecho en algunas cabezas de algunas personas, que sienten que debe haber alguien, como por gracia divina, que dé explicaciones de lo que ha pasado. Alguien que mande, alguien que ponga orden.
Al poco rato nos enteramos de que, ¡es a nivel nacional! Lo primero que se me pasa por la cabeza es, a ver si tenemos suerte y es el fin del mundo y nos vamos todos a tomar por culo de una puta vez. Me pongo hasta contento. Me invade la paz, estoy preparado para la muerte. Es broma. Acabo cosas que puedo acabar a mano, que es casi nada.
Salgo a la calle a ver el ambiente. Hay gente preocupada porque se están quedando sin batería en el móvil. Qué estupidez. La gente es estúpida, de verdad lo digo. Un hombre terminando un libro en un parque; este no tiene problemas de batería, pienso. Un grupo de ancianos, tres señoras y dos señores, ya bien entrando en los setenta, están brindando con copas de cava en la terraza de un bar. Parecería que lo están celebrando, casualidad que me saca una sonrisa.
Vuelvo a la oficina. El rellano está lleno de vecinos hablando entre ellos. Están preocupados, pero parecen contentos: como realmente a ellos no les pasa nada, están más bien como queriendo formar parte de la anécdota. En la oficina, el ambiente es relajado. Hay gente que se apronta para irse; otros están hablando entre ellos y celebran lo que ha pasado para por fin conocerse. No se habían hablado jamás. Parece que el apagón ha provocado una oleada de humanidad, es curioso. Ya ni nos paramos a saludarnos. La humanidad en las grandes urbes brilla por su ausencia; cada uno a lo suyo. La tecnología deshumaniza. Viva la tecnología, no malinterpretéis, pero señalo una evidencia.
(13:23 Me encuentro escribiendo esto.) Decido irme a casa. Hay gente contenta por la calle porque salen de la oficina y tienen el día de fiesta. Una pareja de novios besándose debajo de un árbol. Dos perros ajenos a todo, se enzarzan a insultos con otro que se cruza en su camino. Una señora le comenta a un policía que si sabe algo. El policía con la cara de, me van a preguntar esto muchas veces al cabo del día, pacientemente le dice que todo se arreglará en las siguientes horas. El del bar de la esquina, contento: tiene la terraza llena y les dice a sus clientes que se tranquilicen, que ya mañana les cobrará. La vida sigue.
(14:30 Sigo escribiendo desde mi casa) De camino a casa, ya se empieza a palpar un poco la tensión de la gente, que enseguida se pone nerviosa. Pienso, mientras estoy parado en el atasco, qué pasaría si esto fuese el principio del apocalipsis. Me vienen a la mente esas películas yanquis ambientadas en el Estados Unidos rural, donde hay esa gente llena de mugre, porque hace semanas que no se lavan, carecen de luz y agua corriente, donde nadie se fía de nadie y la barbarie campa a sus anchas. Si pasara algo así como en las pelis, me suicido, pero ipso facto. En menos de una semana me quito de en medio. No doy tiempo ni a que me crezcan las uñas. No hará falta encontrar unas tijeras, ya estaré muerto. ¿Qué es eso de vivir en un mundo sin agua corriente, ni luz, ni internet, sin poder ir a desayunar a una terraza, con tu café con leche y tu ensaimada nevadita de azúcar? Sin dentistas, morir por un corte insignificante que se infecta, sin gelocatiles, sin Sant Jordi y un infinito etcétera.
Enciendo la radio, ponen fragmentos de audios de personas que están sufriendo los efectos del apagón. Unos estudiantes explicando que han tenido que regresar a su casa porque no hay clase, una chica indignada porque nadie les informa de lo que pasa con el tren que tenían que tomar. Impresionante la basura que son los medios de comunicación. A esto me refiero: ¿qué quieres, hija mía? ¿No te das cuenta de lo que está pasando? La gente está igual de confundida que tú, cariño. Y los que mandan son todos imbéciles, por si no te habías dado cuenta. ¿Se te ha olvidado ya lo de la pandemia? Cada mandatario de cada país diciendo y haciendo gilipolleces a ver quién la dice más gorda… Pero tranquila, tienes razón: alguien va a venir y te va a explicar que tu tren saldrá a las 16:42, que no te preocupes, que todo saldrá bien.
17:03. Me despierto de la siesta, me he quedado frito en el sofá. Parece que ya ha vuelto la luz y el internet. Releo lo que he escrito. Bueno, bien, puedo publicarlo; total, el mundo se acaba.
No quiero parecer frívolo, entiendo lo extraordinario de la situación. Entiendo que es algo inaudito, y sé que puede haber muertos incluso, porque no estamos preparados para cosas así, ningún país lo está, y somos gobernados por seres humanos. Somos realmente frágiles, y nos pensamos muchas veces que alguien vendrá a salvarnos, que hay un adulto en la sala que lo tiene todo controlado. Y además tenemos una memoria aún más frágil. Así que trato de centrarme únicamente en lo que puedo controlar y en no tomarme la vida tan en serio.
Gracias por dejar lo que fuera que estabas haciendo y leerme.
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